¿Cómo ayuda la educación socioemocional a prevenir la violencia en niñas y niños?

En contextos donde la violencia forma parte de la vida cotidiana, muchas niñas y niños aprenden desde muy temprano a reaccionar impulsivamente, guardar lo que sienten o resolver los conflictos mediante agresiones. Sin embargo, estas conductas no son inevitables. Las habilidades socioemocionales pueden aprenderse y fortalecerse cuando existen espacios seguros para hacerlo.

Con esta convicción desarrollamos Retoños, un proyecto de educación socioemocional realizado en la Escuela Primaria Estatal Fray Servando Teresa de Mier, en el Sector Alianza de Monterrey. Durante varios meses trabajamos con niñas y niños para fortalecer habilidades como identificar emociones, expresar lo que sienten, pedir ayuda y encontrar formas no violentas de manejar el enojo y la frustración.

Al iniciar el proyecto, muchas de las respuestas de las infancias reflejaban dificultades para reconocer sus emociones o gestionarlas de manera saludable. Algunas niñas y niños mencionaban reaccionar con golpes, aislarse o guardar lo que sentían.

Al finalizar el proceso observamos cambios significativos. Más participantes lograron identificar aquello que les genera enojo, expresar sus necesidades emocionales y reconocer que cuentan con personas que pueden acompañarles cuando atraviesan momentos difíciles.

También comenzaron a aparecer estrategias de regulación emocional que antes prácticamente no estaban presentes, como respirar profundamente, buscar apoyo, dibujar, jugar o realizar actividades que les ayudaran a tranquilizarse.

Estos resultados confirman que trabajar las emociones no es un tema secundario. Cuando una niña o un niño aprende a reconocer lo que siente, aumenta su capacidad para responder de manera consciente ante los conflictos y disminuye la probabilidad de recurrir a la violencia como única forma de respuesta.

Fortalecer las habilidades socioemocionales desde la infancia representa una oportunidad para construir relaciones más sanas, mejorar la convivencia escolar y contribuir a la prevención de la violencia. Cada emoción que una niña o un niño aprende a comprender y expresar es también un paso hacia la construcción de comunidades más pacíficas.

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