
Cuando hablamos de prevención de la violencia en la infancia, no basta con observar si hay peleas o conflictos. También es necesario comprender cómo se sienten las niñas y los niños, qué hacen cuando experimentan emociones intensas y si cuentan con personas de apoyo.
Por ello, en el proyecto Retoños realizamos una evaluación antes y después de la intervención socioemocional en la Escuela Primaria Estatal Fray Servando Teresa de Mier. El objetivo fue conocer cómo las habilidades socioemocionales pueden fortalecerse cuando las infancias cuentan con espacios seguros para aprender y expresarse.
Diseñamos un cuestionario que nos permitió explorar tres aspectos fundamentales:
Las investigaciones y la experiencia en el trabajo comunitario muestran que las habilidades socioemocionales son un factor de protección frente a la violencia.
Cuando una niña o un niño puede:
es más probable que enfrente los conflictos sin recurrir a la agresión o al aislamiento. En cambio, cuando estas herramientas no están presentes, las emociones intensas pueden traducirse en reacciones impulsivas o conductas violentas.
Aplicamos el cuestionario en dos momentos: antes de iniciar las sesiones y al concluir el proceso. Esto nos permitió comparar las respuestas y observar los cambios generados a lo largo de la intervención.
Más allá de los números, la evaluación nos ayudó a escuchar las voces de las niñas y los niños: qué les preocupa, qué les hace sentir seguros y qué necesitan de las personas adultas para sentirse acompañados.
Medir las habilidades socioemocionales no significa “poner una calificación” a las emociones. Significa identificar oportunidades para fortalecer el bienestar emocional, la convivencia y la prevención de la violencia.
En Retoños descubrimos que, cuando las infancias cuentan con espacios seguros para hablar, jugar, reflexionar y aprender nuevas estrategias, desarrollan recursos emocionales que les acompañarán mucho más allá de la escuela.