
¿Qué ocurre cuando las niñas y los niños cuentan con espacios seguros para hablar de sus emociones, aprender a reconocerlas y descubrir nuevas formas de afrontar los conflictos? Los resultados del programa Retoños muestran que estos espacios pueden generar cambios significativos.
Durante ocho meses trabajamos con estudiantes de la Escuela Primaria Estatal Fray Servando Teresa de Mier para fortalecer habilidades socioemocionales relacionadas con la identificación de emociones, la regulación emocional, la búsqueda de apoyo y la expresión de necesidades afectivas.
Para conocer el impacto de la intervención, realizamos una evaluación antes y después del proceso. Los resultados mostraron un incremento de 33 puntos porcentuales en el desarrollo de habilidades socioemocionales.
Al inicio del proyecto, el 32 % de las niñas y los niños participantes mostraban respuestas asociadas con habilidades adaptativas para gestionar sus emociones. Al finalizar la intervención, esta cifra aumentó al 65 %.
Esto significa que más niñas y niños lograron:
Uno de los cambios más relevantes fue la aparición de nuevas formas de afrontar el enojo y la frustración. Mientras que al inicio predominaban respuestas relacionadas con el aislamiento, las reacciones impulsivas o la violencia, al finalizar comenzaron a aparecer estrategias como respirar, dibujar, jugar, hablar con alguien de confianza o pedir ayuda.
También observamos avances importantes en la identificación de redes de apoyo. Más niñas y niños reconocieron que cuentan con familiares, amistades y otras personas significativas que pueden acompañarles cuando atraviesan momentos difíciles.
Además, mejoró la capacidad para expresar sus necesidades emocionales. Al finalizar el proyecto, más participantes pudieron explicar cómo les gustaría que las personas adultas les acompañaran cuando se sienten tristes, enojadas o preocupadas. Las respuestas hicieron referencia a la comprensión, el afecto, la escucha y el acompañamiento.
Estos resultados permitieron superar el indicador planteado para el proyecto, que buscaba que al menos el 30 % de las niñas y los niños desarrollaran habilidades para gestionar sus emociones.
Más allá de los datos, Retoños confirmó algo fundamental: cuando las infancias cuentan con oportunidades para comprender lo que sienten y expresar sus emociones de manera segura, desarrollan herramientas que pueden acompañarlas durante toda la vida. La prevención de la violencia también se construye fortaleciendo habilidades emocionales, vínculos de apoyo y formas más saludables de relacionarse consigo mismas, mismos y con las demás personas.