
Cuando una niña o un niño atraviesa una situación difícil, no siempre necesita una solución inmediata. Muchas veces, lo que más necesita es saber que no está sola o solo.
Sentirse acompañado, escuchado y comprendido puede marcar una diferencia importante en la manera en que las infancias enfrentan el enojo, la tristeza, el miedo o la frustración. Por ello, en Retoños buscamos fortalecer las redes de apoyo como parte de la prevención de la violencia y el bienestar emocional.
Durante la implementación del programa observamos la capacidad de las niñas y los niños para identificar a las personas a quienes pueden acudir cuando necesitan apoyo emocional.
Al inicio de la intervención, muchas infancias tenían dificultades para reconocer quiénes podían ayudarles a sentirse mejor en momentos complicados. Algunas respuestas reflejaban incertidumbre y otras mostraban la percepción de que debían enfrentar sus problemas sin apoyo.
Al finalizar el proceso encontramos cambios significativos.
Más niñas y niños identificaron contar con redes de apoyo conformadas por familiares, amistades y otras personas importantes en su entorno. El porcentaje de participantes que reconocían tener alguna figura de apoyo aumentó de manera importante durante el desarrollo del proyecto.
Este hallazgo nos recuerda algo fundamental: las niñas y los niños no deberían enfrentar solos sus preocupaciones, miedos o dificultades. Contar con personas adultas que escuchen, acompañen y estén disponibles no es un privilegio, sino una necesidad para su desarrollo.
Cuando una niña o un niño sabe que hay alguien en quien puede confiar, encuentra un lugar seguro para expresar lo que siente y pedir ayuda cuando la necesita.
Las personas adultas solemos pensar que apoyar significa resolver problemas. Sin embargo, acompañar también implica escuchar, validar emociones, ofrecer afecto y estar disponibles cuando una niña o un niño necesita ser escuchado.
La prevención de la violencia no depende únicamente de enseñar nuevas habilidades. También requiere fortalecer los vínculos que permiten a las infancias sentirse seguras, protegidas y acompañadas. Cada persona que escucha, comprende y acompaña puede convertirse en parte de esa red que les ayuda a afrontar las dificultades de una manera más saludable.