
Las personas adultas solemos preguntarnos cómo ayudar a una niña o un niño cuando está triste, enojado, frustrado o preocupado.
A veces pensamos que debemos tener todas las respuestas. Sin embargo, una de las enseñanzas más valiosas que nos dejó Retoños fue escuchar directamente a las infancias.
Como parte de la evaluación realizada al finalizar el proceso, preguntamos a las niñas y los niños cómo les gustaría que las personas adultas les ayudaran a sentirse mejor cuando atraviesan momentos difíciles.
Sus respuestas fueron tan sencillas como profundas.
Muchas niñas y niños expresaron que necesitan comprensión. Otras respuestas señalaron la importancia de recibir cariño, sentirse escuchadas y escuchados, o contar con personas adultas que les acompañen sin juzgarles.
Estas respuestas nos recuerdan que las necesidades emocionales de las infancias no son muy distintas de las de cualquier persona. Todas y todos necesitamos sentirnos vistos, escuchados y acompañados cuando atravesamos situaciones difíciles.
Escuchar no significa estar de acuerdo con todo. Tampoco implica evitar límites o responsabilidades. Significa reconocer que detrás de una conducta suele existir una emoción que necesita ser comprendida.
Cuando una niña o un niño se siente escuchado, desarrolla mayor confianza para expresar lo que le sucede. Cuando se siente comprendido, aumenta su capacidad para pedir ayuda. Y cuando encuentra personas adultas disponibles para acompañarle, fortalece recursos emocionales que le servirán a lo largo de su vida.
La educación emocional no ocurre únicamente en los talleres o en las escuelas. También sucede en cada conversación, en cada momento de escucha y en cada ocasión en la que una persona adulta transmite el mensaje: “Lo que sientes es importante para mí”.
Las respuestas de las niñas y los niños participantes nos recuerdan algo esencial: acompañar emocionalmente no requiere ser perfectas o perfectos. Requiere estar presentes.